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| Cabezudos de San Timoteo en las fiestas del Bollo 2025. Foto: Lucía Garó. |
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| Gigantes y cabezudos de las fiestas del Bollo. Foto: Ayuntamiento de Avilés. |
Hace poco descubrí una cuenta que comparte vídeos de comparsas en Cataluña y me sorprendió ver que esta tradición no es exclusiva de aquí, sino que se extiende por buena parte de la península… y hasta por otros continentes. Eso me llevó a investigar un poco más, y lo que encontré me fascinó.
En la península ibérica los gigantes aparecen ya en la Edad Media. En 1265 se documenta su salida en Évora, Portugal, durante la procesión del Corpus. Y en 1276, en Pamplona, se citan tres gigantes:Pero Suciales, Mari Suciales y Jucef Lacurari, que acompañan la procesión de San Fermín. Al principio solo participaban en celebraciones religiosas, pero pronto pasaron a otras festividades.
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| Foto: Ayuntamiento de Pamplona. |
No hay un único sentido para ellos. Algunos autores creen que representaban la idolatría vencida por el cristianismo; otros, la fuerza de Dios ante la que se igualan fuertes y débiles. También se apunta que pudieron inspirarse en la indumentaria de moros y judíos, o incluso que aparecieran como reyes. Lo cierto es que, en sus orígenes, buscaban impresionar, infundir respeto e incluso miedo.
Los cabezudos, por su parte, tenían otra función: ahuyentar a los malos espíritus de las calles. Con el tiempo se convirtieron en parodia, caricaturizando a la nobleza o a la jerarquía eclesiástica con sus rasgos exagerados.
En 1780, Carlos III firmó una Real Cédula prohibiendo su participación en procesiones, aludiendo a la falta de decoro. Aun así, sobrevivieron entre cambios y transformaciones. Tras la Guerra Civil, muchos gigantes adoptaron el rostro de los Reyes Católicos para poder volver a desfilar bajo el nacionalcatolicismo. Y pese a todo, llegaron hasta nuestros días.
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| Hoy existen más de 300 comparsas de gigantes y cabezudos en el mundo, con casi mil gigantes desfilando por las calles de 28 países. Ya no buscan asustar, sino acompañar la fiesta con alegría e ilusión. Quizás por eso me resultan tan magnéticos: porque entre su pasado solemne y su presente festivo, siguen recordándonos que la cultura popular nunca se queda quieta, siempre encuentra nuevas formas de reinventarse. |
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| Foto: Ayuntamiento de Pamplona. |




