Las mascaradas: un lenguaje ritual europeo del norte peninsular a los Balcanes

La Baixada da Marela en Maceda (Ourense) Brais Lorenzo

Las mascaradas constituyen uno de los fenómenos rituales más antiguos, complejos y fascinantes del folclore europeo. Lejos de ser simples fiestas populares o carnavales pintorescos, se trata de manifestaciones profundamente enraizadas en la vida comunitaria rural, con funciones simbólicas, sociales y rituales muy precisas. Asturias, Galicia y otras regiones del norte de la Península Ibérica forman parte de un amplio mapa europeo de mascaradas que se extiende desde el Arco Atlántico hasta los Balcanes, compartiendo estructuras, personajes y significados sorprendentemente similares.


Qué es una mascarada

La mascarada es, ante todo, un ritual. Su elemento definitorio es la máscara o careta, que permite al portador ocultar su identidad individual para convertirse en un personaje simbólico, colectivo y reconocible por todos. Al cubrir el rostro, el actor deja de ser una persona concreta para transformarse en un lenguaje universal: animal, demonio, viejo, joven, autoridad, caos o fertilidad.

Este anonimato ritual habilita comportamientos que en la vida cotidiana estarían prohibidos: la burla, la crítica social, la inversión del orden establecido, la persecución ritual o el contacto físico simbólico. Las mascaradas cumplen funciones diversas: propiciatorias, purificadoras, satíricas o iniciáticas, y conservan claras reminiscencias de antiguos ritos lupercales, bacanales, cinegéticos y agrarios de origen prerromano, posteriormente reinterpretados por el cristianismo sin alterar su estructura profunda.


Tiempo y espacio de las mascaradas

Las mascaradas se celebran casi exclusivamente durante el ciclo invernal, entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera. Desde Navidad hasta el Carnaval, y raramente más allá del mes de febrero, estas celebraciones marcan el tránsito entre el año viejo y el nuevo, el fin del ciclo agrícola y la esperanza de renovación.

Espacialmente, aparecen de forma recurrente en regiones montañosas y rurales: Asturias, Galicia, Cantabria, Castilla y León, el norte de Portugal, los Alpes, los Balcanes, los Cárpatos o el interior de Cerdeña. Se trata de territorios históricamente aislados, con economías agroganaderas y comunidades pequeñas, donde la tradición oral y ritual ha conservado estructuras muy antiguas.


Estructura interna: personajes blancos y negros

Uno de los rasgos más constantes de las mascaradas es la división simbólica entre personajes blancos y personajes negros, también llamados guapos y feos. Esta dualidad no es meramente estética, sino profundamente simbólica.

Los personajes negros suelen ser los fustigadores y anunciadores de la mascarada. Visten ropas viejas o negras, se cubren con pieles, ramas o trapos, llevan la cara tiznada o máscaras grotescas, y portan grandes cencerros, vejigas, látigos o palos. Su función es provocar estrépito, perseguir, asustar y romper el orden cotidiano. Entre ellos se encuentran los Sidros de Valdesoto (Asturias), los Zamarrones de Cantabria y Castilla y León, los Diablos de Zamora, los Boteiros de Viana do Bolo (Galicia), los Busó de Hungría, los Kukeri de Bulgaria o los Didi de Croacia.

Los personajes blancos, por el contrario, aparecen asociados al orden, la belleza y la renovación. Visten ropas nuevas, coloridas y adornadas, y suelen desempeñar papeles como la madama y el galán, los danzantes, el rey, el mayordomo o el general. Suelen ejecutar danzas rituales con palos, espadas o arcos, como los Pauliteiros de Miranda do Douro, los danzantes de León o los Txantxos vascos.


Personajes universales de las mascaradas

Más allá de los nombres locales, las mascaradas repiten una y otra vez una misma galería de personajes:

  • El fustigador con cencerros, encargado de purificar el espacio mediante el ruido. 
  • La vieja hilandera o filandera, símbolo del tiempo, la muerte y la renovación. 
  • La pareja de novios o la boda ritual. 
  • El oso y el domador, representación de la fuerza salvaje y su control. 
  • Animales como la cabra, la vaquilla, el caballo o el buey. 
  • El ciego y el lazarillo. 
  • La autoridad parodiada: rey, juez, general o mayordomo.

Estos personajes aparecen tanto en Asturias, Castilla y Galicia como en Suiza, Alemania, Polonia, Macedonia o Bulgaria, con variaciones formales pero funciones idénticas.


Asturias y Galicia en el contexto europeo

Las mascaradas del noroeste peninsular se inscriben plenamente en este lenguaje ritual europeo compartido. Personajes como los Sidros de Valdesoto, con sus cencerros, desplazamientos rituales y actitudes fustigadoras, encuentran claros paralelos funcionales en mascaradas del norte de Croacia o del sur de Hungría, donde figuras semejantes cumplen idénticas tareas simbólicas dentro de la comunidad.

El uso de la vejiga como instrumento fustigador, presente en distintas localidades asturianas y gallegas, constituye otro rasgo ampliamente compartido en el ámbito europeo. El golpe simbólico, lejos de ser un simple elemento burlesco, forma parte de los rituales de purificación, contacto y transgresión controlada que caracterizan a estas celebraciones.

De igual modo, personajes como los Didi croatas, los Djolomari macedonios o los Busó húngaros recorren las casas, realizan cuestación, persiguen ritual­mente a las mozas y generan un caos festivo perfectamente codificado, cumpliendo la misma función social y simbólica que los personajes equivalentes del noroeste peninsular.


Masculinidad, rito de paso y comunidad

Tradicionalmente, las mascaradas eran interpretadas exclusivamente por hombres, incluso los personajes femeninos. Esta exclusividad masculina refuerza su carácter de rito de paso: el joven que participa en la mascarada deja atrás la infancia y se integra plenamente en la comunidad adulta.

La participación femenina actual, cada vez más habitual, debe entenderse como una evolución contemporánea de la tradición, no como una ruptura, aunque sí plantea nuevas lecturas sobre el significado original de estos rituales.


Sonido, comida y crítica social

El estrépito de los cencerros cumple una función purificadora: ahuyentar los malos espíritus, las desgracias y todo aquello que pertenece al ciclo que termina. Frente a este ruido, la música, el baile y el canto vertebran la jornada festiva.

La petición casa por casa, aguinaldos, rosquillas, vino, comida, refuerza los lazos comunitarios y redistribuye simbólicamente los recursos. Muchas mascaradas incluyen coplas satíricas y comedias teatrales que critican los acontecimientos del año, invirtiendo momentáneamente el orden social y permitiendo una catarsis colectiva.


Pérdida, transformación y recuperación

Muchas mascaradas desaparecieron definitivamente con la despoblación rural y los cambios sociales del siglo XX. Otras sobrevivieron transformándose, a veces de manera profunda, en su estética o significado. Las recuperaciones contemporáneas plantean preguntas fundamentales: ¿ritual vivo o reconstrucción simbólica?, ¿continuidad o folclorización?

Aun así, mientras conserven su estructura, su función comunitaria y su sentido ritual, las mascaradas siguen siendo una de las expresiones más poderosas del patrimonio cultural europeo.


Las mascaradas no son reliquias del pasado, sino lenguajes rituales vivos que conectan a Asturias, Galicia y otras regiones europeas a través de un imaginario común. Bajo máscaras distintas, los mismos personajes siguen recorriendo los pueblos, haciendo ruido, invirtiendo el orden y recordando que, al menos una vez al año, el mundo puede ponerse del revés para volver a empezar.

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