Del 20 al 26 de julio, Avilés y su comarca celebran una nueva edición del Festival Intercélticu, con gaitas, danza tradicional y acentos que van de Escocia a Bretaña, pasando por Galicia. Es la edición XXIX, y sigue siendo una cita consolidada para los amantes del folk en Asturias, aunque, siendo honestos, cada año parece bajar un poquito el pistón.
Este año la programación regresa a La Exposición, la ubicación de siempre. A título personal, el emplazamiento del año pasado en el Parque del Muelle me gustaba más, tenía otro aire, más abierto, más de paseo. Pero son cosas que pasan, y nunca llueve a gusto de todos.
Lo que sí se mantiene es el espíritu itinerante: además de Avilés, el festival visita este año Cangues d'Onís (jueves 23), Pravia (viernes 24) y Corvera d'Asturies (sábado 25), llevando folclore celta a media comarca.
Martes 21: arranca el desfile de gaitas asturianas
La tarde del martes empieza con un pasacalles de grupos folclóricos, con Esbardu como organizador y el Grupo Prau Llerón de Mieres como protagonista invitado. Después de la Esbilla de grupos de baile tradicional asturiano, Prau Llerón se queda para dar un taller de baile asturiano en la propia pista de La Exposición. Una buena manera de que el público no se limite a mirar.
Miércoles 22: Irlanda por la mañana, Escocia por la tarde
El miércoles se reparte el protagonismo entre dos países celtas de manual. Por la mañana, desfile y actuación de la Jordan Academy de Irlanda. Por la tarde, toca el turno de la Barrhead Pipe Band de Escocia.
Y por la noche, doble concierto, The Gentle Good, desde Gales, y la Bandina Los Muíles, representando a la casa. Una noche celta en toda regla.
Jueves 23: Cangues d'Onís entra en juego
El jueves el festival se desdobla. Por la tarde, Escocia e Irlanda viajan a Cangues d'Onís para llevar el ambiente celta fuera de Avilés. Mientras tanto, por la mañana en Avilés hay otro pasacalles escocés.
Pero lo fuerte llega por la tarde, ya de vuelta en la villa, con Bugale An Oriant y Sonerien An Oriant, ambos de Bretaña francesa, tomando el relevo. Por la noche, cierra la jornada la Bandina Turcipié.
Viernes 24: Pravia, el "Trunfu de los Países Celtes" y una banda gallega con clase
Por la mañana, los bretones viajan a Pravia. En Avilés, mientras tanto, se celebra lo que Juan Casas, el alma organizadora del festival, llama "El Trunfu de los Países Celtes", un desfile hacia el ayuntamiento en el que participan Escocia, Irlanda, Bretaña y, desde Galicia, la Banda de Gaitas Xinzo de Limia.
Por la tarde, el director de esa misma banda gallega imparte un taller sobre técnica de caja de nivel medio. No es habitual que un festival de este tipo dedique espacio a la formación técnica, y se agradece.
Por la noche, concierto de Cuévanu junto a Mari Luz Cristóbal Caunedo, y remate con una foliada gallega.
Sábado 25: Corvera d'Asturies recibe a los bretones y a los escoceses
El sábado, Corvera d'Asturies se convierte en sede satélite, con los bretones por la mañana y los escoceses por la tarde. En Avilés, el patrón se repite: desfile escocés por la mañana y, por la tarde, protagonismo para Xinzo de Limia.
La noche cierra con un concierto de The Crass y, ya de madrugada, ceilidh irlandés y fest noz bretón compartiendo pista. Un cierre de jornada bastante intenso para quien aguante despierto.
Domingo 26: el Piesllle pone el punto final
La última jornada empieza suave, con una actuación de la Banda de Gaitas Xinzo de Limia por la mañana. Pero la tarde es la de siempre: la Marcha Celta, el gran desfile de todos los países participantes, y "El Piesllle: El Suañu Celta", la ceremonia de clausura donde tocan todas las bandas juntas antes del adiós definitivo hasta el año que viene.
Entonces, ¿merece la pena?
El Intercélticu sigue teniendo lo que siempre lo ha definido: una programación honesta, sin pretensiones de festival masivo, pensada para quien de verdad disfruta de la tradición celta en sus distintas variantes. No hay grandes sorpresas en el cartel, pero tampoco falta ninguna de las piezas que hacen que esto funcione desde hace casi treinta años.
Si el año pasado el Muelle le daba un aire distinto, este año La Exposición vuelve a ofrecer lo de siempre: cercanía, comarca y ese ambiente de encuentro entre países celtas que, festival tras festival, sigue sin caducar.